1ra. Pedro 3.3
Las escrituras no prohíben llevar adornos o joyas, pues tal interpretación de éste versículo tendría como consecuencia la prohibición de llevar “ropa externa” de cualquier clase, ya que éste es el verdadero sentido de la palabra que aquí se traduce vestidos. Lo que se quiere dar a entender aquí es el auténtico adorno del cristiano, sea hombre o mujer, consiste en las cualidades espirituales de un carácter apacible y manso. El énfasis principal de este pasaje es la actitud interna del corazón y cierta modestia en la forma de ser y en la apariencia externa. Sin duda puede presumirse que cualquiera que ha “crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24) evitará cualquier forma de vestir que tenga por objeto atraer una atención indebida sobre su persona.
El asunto de la moda y la vanidad desmedidas que se ha apoderado de los hombres y las mujeres del mundo, también ha llegado a hombres y mujeres cristianos, algunos de los cuales parece que no quieren o no pueden substraerse a la frivolidad del siglo. Esto no debe ser. Dios ha hablado fuerte y claramente en contra de las vanidades.
Se sugiere que estudien cuidadosamente los textos siguientes: II Corintios 5:17;II Juan 5:17 ;II Juan 2:15,16;I Corintios 6:19,20; I Pedro 3:3,4).
Una cosa es arreglarse y otra ser extravagante. Dios quiere que los creyentes tengan testimonio de modestía y buena presentación. Si un adorno cumple con ese propósito de ser un buen testimonio, entonces no es pecado.